Códigos de Amor

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"No tolero la injusticia porque me causa dolor"

Reynaldo Armas

Qué haces cuando la muerte toca la puerta de tu familia? La muerte es para siempre, es definitiva. No sabemos lo que hay después de ella pero presumo que no se parece a lo que experimentamos en este momento.

La muerte es un problema, no para los que mueren, sino para los que quedan vivos. Sin importar cuánto aceptemos la muerte, aunque pensemos que están en el paraíso junto a Dios o si fueron "elevados" a un plano de existencia superior, sentimos la ausencia de esas personas que se fueron.

Queremos verlas y no podemos. Queremos sentirlas y no podemos. Queremos olerlas y no podemos. Queremos decirles que los amamos y no podemos. Queremos verlos comer, hablar, sonreír, llorar y no podemos.

La verdad más fundamental de la naturaleza humana es que la muerte es definitiva, todos vamos a morir. Los que lo olvidan tratan a los vivos como si ya estuviesen muertos. Los ignoran. Los hacen callar. Algunos conservan algo de humanidad y terminan viviendo arrepentidos, los más despiadados justifican su silencio con cualquier excusa.

Esta es una historia sobre dolor, mi dolor.


En el 2015 tomé la decisión más difícil de mi vida: abandonar la universidad. Pasé tres años siendo miserables viviendo en Caracas, estudiando una carrera que realmente me aburría y que no me iba a llevar a donde yo quería. Incluso aunque no supiera en ese momento lo que quería.

No podía soportar más la habitación sin ventanas, sin aire y sin poder recibir visitas.

Mis amigos hacían la vida un poco mejor, pero ellos tenían sus propias vidas. Como bien presentí en aquel momento, ese grupo no duraría para siempre.

Recuerdo claramente el día en que mis dudas se despejaron. 7 de enero, domingo, tenía que estudiar para un parcial de Filosofía del Derecho, mi materia favorita de ese año. En un lado de la cama estaban tirados los libros y el cuaderno, del otro lado la computadora encendida con un video de Juan Diego Gómez, un colombiano que hablaba sobre emprendimiento.

La decisión era clarísima. Podía pasar horas leyendo, investigando y viendo información sobre emprendimiento, negocios, el internet, el futuro, startups y tecnología. En el momento en que abría un libro de derecho, me daba sueño.

La claridad se transformó en conflicto cuando pensé: - ¿Cómo van a reaccionar mis padres? - Me asusté.

Pospuse la conversación durante meses. En el intermedio, intenté buscar respuestas que me ayudaran a tomar la mejor decisión. Solo encontré una: NO DEJES LA UNIVERSIDAD.

Nadie me daba un consejo diferente. En la mente de todo el mundo estaba grabado en piedra que no tener título universitario me aseguraría fracaso y miseria.

Nadie creía en mi, nadie creía que yo podía ser diferente. Solo Algelis, mi exnovia, daba ligeras señales de apoyo pero no inequívocas. Entiendo la incredulidad: en sus experiencias las personas sin títulos no lograban mucho.

De hecho, en mi experiencia tampoco. Un año o algo así antes, José Ángel, mi hermano mayor, había decidido también dejar la universidad y las cosas no estaban yendo muy bien para el. Tenía un trabajo promedio, ganaba poco, seguía viviendo con mis padres y los conflictos en la casa estaban a la orden del día. Mi hermano estaba frustrado de que no creyeran en él y mis padres estaban frustrados de creer en él.

Es difícil creer cuando 75% de lo que dice es mentira. Mentir se convierte en un problema serio cuando no puedes creerte ni a ti mismo.

En aquella época cualquier cosa podía desatar un conflicto inmenso, eran muy comunes.

Con frecuencia la forma en la que mi papá lidiaba con los problemas era bebiendo. Beber lo desinhibía, facilitaba que por cualquier cosa hubiese un conflicto.

Los enfrentamientos nunca eran físicos, gracias a Dios, pero si muy psicológicos y personales. Esos que dicen de que las palabras pueden herir más que un arma, están en lo cierto. Las palabras dolían muchísimo.

En abril de ese mismo año mi abuela Felida, mi abuela paterna, murió.

Fue duro para todos. Para mi, fue un fuerte llamado de atención. Estaba en la horrible habitación de la residencia, cuando mi hermano me llamó para decirme que mi abuela había muerto. No lloré, no pude hacerlo. Tuve que forzarme para llorar, incluso estando en soledad.

Pensé: - Qué coño pasa conmigo!? Acaso no amo a mi abuela!? Por qué no puedo llorar? -. El Liceo, los enfrentamientos familiares, el conflicto interno por dejar la universidad y la insatisfacción con mi situación habían creado una capa, una armadura que no me permitía sentir. Me había vuelto insensible.

Recuerdo que una semanas antes de morir, tuve una discusión con mi abuela por algo relacionado con Roco, el perro de la casa. 1 semana después mi abuela estaba muerta. Nunca podría pedirle disculpa, nunca podría volver a decirle que la amo, lo importante que era para mi, más nunca comería sus deliciosas milanesas, ni volvería a ponerme ropa lavada a mano por ella, ni iríamos de viaje o saldríamos a una reunión impregnados por su perfume.

Viviré por siempre arrepentido de aquella pelea. No logré llorar porque para hacerlo tenía que aceptar que había sido un monstruo, y aceptarlo estaba muy por encima de mi inteligencia emocional del momento.

Luego de la muerte de mi abuela, el miedo, los conflicto internos y externos, ahora se mezclaban con la tristeza. Se multiplicaron.

No puedo recordar la gran mayoría de ellos. Apenas recuerdo uno, el peor de todos creo. Un día mi papá llegó borracho, como siempre lleno de dolor buscando cualquier excusa para desahogarse de la peor manera con nosotros.

Una pelea intensa empezó. Yo estaba tan molesto que cada palabra que salía de su boca, se convertía en un grito de respuesta mío. No dejó de hablar, y cada vez se volvía más cínico, se burlaba de mi dolor, mis gritos se hacían más fuertes.

Cuando se cansó, se fue al carro. Intentamos impedirlo porque sabíamos que podía suceder algo grave. Pese al dolor, nos seguíamos preocupando. Casi me atropella retrocediendo para salir del estacionamiento.

Al otro día le dio un patatú y lo hospitalizaron. Yo estaba tan furioso que ni siquiera le pedí la bendición.

Nos pidió disculpas, con mucha humildad y tristeza. Yo no quería perdonarlo, pero mis hermanos no dudaron ni un segundo, cedí a los pocos segundos. Hicimos una buena comida y esperamos lo mejor.

Mis padres estaban buscando una solución aunque el problema principal fuese mi papá. Luego de unas semanas en relativa calma, fueron a un retiro espiritual llamado Escuela de Padres, que organizaba una sección de la iglesia católica en Maturín.

Ese fue el comienzo de la mejora para la familia Acuña Caíbe.

Victoria cumplió 15 años en noviembre de ese año. Todos estábamos un poco asustados porque queríamos que fuese perfecto para ella. Con mucho esfuerzo, lo fue.

Ese año la navidad fue silenciosa e incomoda.

Yo no desistía de dejar la universidad. Mi papá me dijo: - Hijo lo único que puedo hacer por ti es darte todas las cosas que tienes en la residencia, vende eso y empieza tu proyecto -.

Lo hice. El 1ero de febrero del 2016 nació Metacracia, mi primer blog donde pensaba hablar sobre negocios, emprendimiento, marketing y finanzas. A pesar de que no sabía un carajo de ninguna de esas cosas.

Mi plan era terrible: iba a crecer un blog hasta tener suficientes visitas para generar dinero por publicidad. Inocente o estúpidamente pensé que podía generar dinero como La Patilla o Prodavinci. Yo pensaba que un carajito de 20 años iba a poder competir contra periodistas y marketeros con años de experiencia y una cantidad absurda de recursos.

Tenía que tener mínimo $100 para Diciembre de ese año, de lo contrario no podría pagar la renovación del hosting y mi proyecto moriría. Ese era mi objetivo: $100, mucho dinero para la época. Venezuela estaba en la peor crisis financiera que pudiese recordar nadie.

El cuñado de Algelis me montó la página en WordPress por una suma simbólica, lo que realmente costó fue el hosting y el dominio, $50 era como la mitad de lo que me había quedado tras la venta. Yandri, una amiga de mi infancia, me ayudó haciéndome un logo y algunas imágenes para que la página se viese presentable.

Empecé mi aventura re-publicando las noticias sobre finanzas y negocios más importantes todos los días. Por lo menos 10 diarias. Pasó 1 mes, 0 visitas. Investigué como podía atraer visitas, consejo común del internet de la época:

  • Publica en redes sociales todo lo que puedas
  • Trabaja el SEO (qué coño es esto!?)
  • Haz posts de invitado (invitado en dónde? si no conozco a nadie)

- Ok, puedo publicar en las redes sociales, not big deal -. Creé redes sociales para Metacracia en todas partes. Las visitas mejoraron un poco, me emocionaba cuando veía cualquier número en Analytics.

Me obsesioné investigando sobre todo: SEO, marketing digital, negocios, emprendimiento. Consumía toda la basura del internet en español como si fuese droga. Dormía muy poco, probablemente, 4 - 5 horas diarias.

Despertaba a las 9 - 10 de la mañana a hacer almuerzo, la tarea del hogar que se me había asignado para "pagar" mi estadía. En realidad no era un pago, no había manera de pagar por la cantidad de comodidades que tenía a pesar de los problemas. Siempre tuve techo y comida seguros, algo que muchísima gente no puede decir, incluyendo dos personas muy importantes de mi vida: mis abuelos.

Mis abuelos no tenían comida. La crisis no es gentil con los jubilados cuando tienes un sistema de pensión público y colectivo que espera que las personas jóvenes trabajen para mantener a las personas viejas y el 80% de las personas trabajan en el mercado informal.

Mi página web era lenta y fea, poco profesional. Me obsesioné con mejorar el diseño y la velocidad.

99% del tiempo estaba frustrado con no poder lograr algo. Copie código como el mejor de los programadores. Aprendí los fundamentos de WordPress. Aprendí a piratear e investigar en Google como nadie. Descubrí que NO HAY NADA de información en español sobre casi nada importante. Las diferencias de cantidad y calidad del contenido en inglés y español es ABISMAL.

Habían pasado 3 meses, me quedaban 7. Me mantenía y ayudaba a Algelis jugando parley, era bueno prediciendo los resultados de fútbol.

Trataba de pasar la mayor cantidad de tiempo posible en la computadora: evitaba los conflictos, salía muy poco, hacía caso cabalmente siempre que pudiese para evitar perder tiempo en peleas.

Al 4to mes de 10, empecé a desesperarme. Solo tenía 2 o menos visitas diarias. Resulta que el SEO es muy lento y repostear no le agrada mucho a Google. Empecé a escribir mis propios artículos, pronto descubrí que no era fácil. Apenas y podía publicar 1 semanal, eran una auténtica mierda.

Me inscribí en Google Adsense. Puse banners en la página. Obviamente, sin visitas no hay clicks, sin clicks no hay dinero. Descubrí que el click venezolano valía $0,001, tendría que tener 1000 clicks para poder hacer $1!!! Imposible. Un buen porcentaje de conversión en ese tipo de negocios es 1%, tendría que tener 100.000 visitas para poder ganar $1. La cosa no pintaba bien.

Al mismo tiempo que me rompía la cabeza tratando de descifrar la fórmula para ganar dinero con Metacracia, me aventuré a hacer Forex. Sin educación ni un plan, es imposible hacer dinero en Forex. Invertí $10 en IQ option, los perdí esa misma noche tratando de adivinar los movimientos del mercado.

Descubrí que los VPNs existían y pensé: - Podría poner VPN para hacer creer a Google que estoy en otro país, hacer clic en mis anuncios y ching ching a cobrar -. Lo intenté con mucho miedo la primera vez desde Reino Unido y ching! Se veía reflejada la cantidad en mi cuenta, pensé que había hackeado el sistema.

El límite de retiro de Adsense eran $300. Pensé: - No lo puedo hacer todo de una vez, será demasiado obvio -. El click en otros países costaba alrededor de $5 a $15. - Si hago algunos clicks diarios, navego por la web, etc, seguro no se darán cuenta -. Estuve 2 meses aplicando la estrategia, al mismo tiempo que seguía mejorando la velocidad, el diseño y añadiendo funcionalidades a la web.

Cuando finalmente llegué a los $300, con mucha ilusión para cobrar, recibí un correo de Google diciendo: - Realmente crees que eres más inteligente que los mejores ingenieros y empresarios del mundo pedazo de mierda!? -. Me expulsaron del programa. Estaba devastado. Duré deprimido dos semanas jugando en la computadora sin trabajar.

Estamos en el 6to mes y medio. En 3 meses y medio todo morirá. Empecé a investigar preguntas más genéricas: "cómo hacer dinero en internet?" Encontré un patrón: "Vende tus habilidades a otras personas". Cómo coño hago eso!? En dónde!? A quién!?

Descubrí Fiverr. Una plataforma para vender tus habilidades por $5.

No estaba muy emocionado pero $5 eran mejor que $0. Qué se hacer que pueda ofrecer en Fiverr? Sé hacer todo lo que tiene que ver con email marketing, escribir artículos y mejorar la velocidad de las páginas web hechas en WordPress. Armé mi perfil, armé mis gigs y esperé esperanzado.

10 días después obtuve mi primera clienta. $5 por armar una cuenta de email marketing en Mailchimp. Mi primer dinero de internet. Estaba eufórico. Algunos días después, mi segunda cliente, $5 más. Mi tercer cliente, un español con la cara más pulida y trabajada que había visto en mi vida, $15 + $15 de enviar campañas cada mes = $30. En semanas había pasado de tener $0 a tener $40. Solo faltaban $60!

Mucha gente escribía en Fiverr para preguntar. Respondía de la mejor manera posible y con el mayor detalle, me aseguraba de que se notara que sabía de lo que hablaba aunque probablemente no sabía tanto como pensaba.

Un mes después, estaba en casa de mis abuelos protestando. Me escribe un español, Marco Ferreiro Galán, necesitaba una newsletter. De alguna manera la conversación se movió hacia: "No estoy satisfecho con mi página web". No era un experto pero algo sabía, no perdí mi oportunidad: le ofrecí hacerle la página web.

Algunos días de hablar con él, leerlo y tener paciencia (no pushear la venta), me dieron como resultado mi primer cliente de $100. Lloré desconsoladamente cuando me envió el pago. Solo faltaban algunas semanas para que se me venciera el hosting y lo había logrado, no solo lo había logrado, tenía más dinero del que necesitaba.

Recuerdo que hice un mercado inmenso en casa de mis abuelos y saqué a Algelis a comer. Estaba extremadamente feliz. Ese fue el comienzo de mi carrera freelance y el inicio también de mi drama familiar.

2017 empezó muy agitado, con protestas por todas partes del país. Esta vez las protestas no eran cualquier cosa, eran fuertes enfrentamientos a diarios con las fuerzas armadas y policiales. Pasé casi todo ese año en casa de mis abuelos. Era más fácil y seguro protestar en Barcelona que en Maturín.

La ciudad era un caos total. Cauchos ardiendo, barricadas por todas partes, enfrentamientos, concentraciones de personas, meetings, reuniones, explosiones. Era terrible de ver, daba miedo participar, pero lo hicimos cada día durante meses.

Mientras protestaba, trabajaba en la página de Marco que de alguna manera terminó pagándome $300 en servicios. Un montón de dinero para la época. Me recomendó con un amigo suyo que me pagó $400 entre el servicio y una generosa propina. Compré mi primer teléfono inteligente, un Honor 8, me encantaba el diseño de ese teléfono.

Hice un mercado más grande que el anterior. En aquel momento, los productos más básicos eran difíciles de comprar, la mejor opción era comprar todo por paca. Si te conseguían con una paca de comida, te procesaban como contrabandista. Igual lo hice. Compré paca de arroz, de harina pan, harina de trigo y pasta. Compré no se cuántos kg de carne y no sé cuantos pollos. Cualquier cantidad de otros productos y verduras. Fue un mercado de $100 o más, mi abuelo lloró cuando vio todo lo que había llevado.

Presumía que por la crisis, nadie tenía para colaborar con mis abuelos. Igual tenía discusiones con ellos frecuentemente por esa razón. Para mi era inexcusable la idea de que mis tíos supieran que mis abuelos no tienen comida y no hicieran absolutamente todo lo necesario para hacer que tuvieran, al menos, las tres comidas del día. La mayoría del tiempo comíamos precariamente. 2 comidas al día caracterizada por mucho carbohidrato y poca proteína.

Mis abuelos no son ricos de cuna. Tuvieron que esforzarse muchísimo para progresar, darle a todos mis tíos y mi mamá la calidad de vida y oportunidades que tuvieron, que no fueron pocas ni mucho menos. Hasta donde sé no crecieron en una casa precaria donde apenas se comía y a todos se les dio acceso al ciclo educativo completo, rumbas, viajes y recreación.

Mis abuelos, sobre todo mi abuelo, cuenta como no siempre tenía trabajo o dinero para llevar comida a la casa y tenía que rebuscarse como pudiese. Jugando, apostando, haciendo trabajo de obrero en horas extra y haciéndose amigo de todos para conseguir oportunidades. Como cualquier hombre de la época, su misión de vida giraba en torno a su familia.

"Por qué mi tíos son tan mal agradecidos? Acaso no valoran eso?" Pensaba constantemente, me molestaba mucho. Pero no tenía tiempo para intentar cambiarlos, prefería ocuparme de mi progreso y hacer el mercado yo.

Ese mercado nos duró alrededor de 3 meses. Hasta mi tía Adriana y mi tío Carlitos se llevaron algo de lo que compré.

Después de ese cliente, vino una sequía de varios meses. Las protestas se apagaron luego de que "la oposición" se vendiera nuevamente. El éxodo se intensificó, la crisis empeoró.

A finales de ese año logré concretar dos clientes.

Esa navidad, pude comprarle regalos a todos en mi casa y a mis abuelos, nada extraordinario, unas camisas y blusas, pero mejor que nada. Estaba muy feliz.

El 2018 empezó. 2 proyectos pequeños mantuvieron la nevera llena los primeros dos meses del año y la promesa de pago de un proyecto de $1000, un inventario mega complicado que ni sabía como hacer, me llevó a pedir prestado $600 al Movimiento Libertario de Venezuela, la organización política de la que era directivo, para pagar la negociación de mi primer alquiler.

Después de semanas de debate, me aprobaron el préstamo. Nos mudamos el 17 de marzo.

El 2018 fue una año de mucho crecimiento económico y de muchas cagadas. Empecé una organización política que me distrajo de mi trabajo. Hacia final del año me despidió mi mejor cliente, gasté dinero en parranda como si no hubiese un mañana, trataba mal a Algelis por problemas que no sabía comunicar y ego, ayudé a gente que no se lo merecía, malgaste el dinero y me endeudé más de lo que debía.

Aún así, me aseguré de visitar a mis abuelos al menos 1 vez al mes. Siempre iba directo a la nevera, vacía. Salía a hacer mercado. Cuando compré mi primer carro los visitaba más seguido, trata de ir a misa con ellos todos los domingos. Cuando la nevera no estaba vacía, era porque estaba llena de comida comprada por mi.

Me molestaba muchísimo. Mi dolor crecía.

Ese año terminó realmente mal. Volví a comprar regalos pero sabía que el 2019 sería más difícil después de que el gobierno fijará el encaje bancario en 100%, haciendo que los precios en dólares subieran muchísimo.

Empecé pagando $50 de alquiler, me ofrecieron la última negociación del apartamento en $170. Mis ingresos irregulares no pudieron con tanto.

Ese año los ingresos bajaron considerablemente y los costos subieron aún más. Todos los meses luchábamos para pagar el alquiler y comer mediocremente. Algelis y yo, estábamos constantemente estresados y angustiados por la falta de dinero.

Sin embargo, cada mes o cada siguiente mes, iba a casa de mis abuelos, abría la nevera vacía como siempre e iba a hacer mercado. Un buen mercado, sobre todo de proteína animal, lo más costoso. Cada vez que caminaba al supermercado me llenaba de ira y de dolor, que solo encontraban alivio cuando mis abuelos me agradecían.

La señal de la cruz y un beso de mi abuela, un abrazo fuerte de mi abuelo. No importaba si los demás eran unos irresponsables, al menos podía dormir tranquilo con la certeza de que estaba haciendo lo correcto, por amor.

Ese año la economía de mis padres empezó a mejorar y mi mamá empezó a ayudar más con los mercados. Siempre que me mandaba para hacerles mercado, yo ponía también para comprarles lo más posible.

Al menos unas 4 o 5 veces Algelis y yo nos vimos en la posición de decidir si hacer mercado para mis abuelos o comer nosotros. Todas las veces Algelis me decía: "Es mejor hacerle mercado a tus abuelos, no sabes cuánto tiempo van a estar con nosotros. Se merecen nuestro apoyo". Así tuviésemos que comer arroz con un huevo frito por semanas hasta conseguir un cliente, hicimos todos los esfuerzos necesarios para hacerles mercado.

Una vez me pagaron $40 por un trabajo. Tome $10 y compré: un paquete de 24 tequeños escolares por $5, 1 kg de arroz, 1 litro de aceite y 1 rollo de pollo que le dábamos a Zeus. Con los otros $30 les hice un mercado a mis abuelos. Pasamos semana y media comiendo tequeños escolares, a pesar de la baja energía, nos aseguramos de estar en la computadora al menos 18 horas diarias: entre estudiar, practicar, investigar y hacer marketing.

Algelis nunca se quejó. Siempre se mantuvo fuerte a mi lado. La amaba con locura por eso. Ese nivel de responsabilidad y amor no es común.

Yo el nieto, ella ni siquiera es Caíbe. "Dónde coño de la madre están mis tíos? Qué coño están haciendo ellos?" Pensaba.

Mi ira crecía y mi dolor con ella.

A finales de Septiembre de ese año tuvimos que regresar a casa de mis abuelos. El peso del alquiler era demasiado, yo estaba deprimido y desalentado como un hombre que había perdido la fe en si mismo luego de demasiados fracasos.

Los problemas entre Algelis y yo se intensificaron luego de que ella empezara a trabajar. Era en aquella época la viva imagen de un hombre quebrado, los hombres así no retienen mujeres fuertes como Algelis.

El problema no era el dinero, era la falta de pasión y empuje. Estaba perdido. Ni ella ni yo teníamos las herramientas para enfrentarnos a eso. Estaba seguro de un montón de cosas que terminaron siendo mentira.

Vivimos en casa de mis abuelos los siguientes 8 meses. En todo ese tiempo ninguno de mis tíos llevó un mercado, nunca. Mi tía china una vez llevó 2 harina pan, una harina de trigo y una avena. Creo que mi tío Catire a veces mandaba algo de dinero porque mi abuelo lo decía cuando le reclamaba la irresponsabilidad de mis tíos.

El dinero igual no alcazaba, hacíamos malabares para comer tres veces al día todos, pero lo hacíamos. Mi abuelo se estresaba muchísimo cuando no había comida en la nevera, se ponía cascarrabias y odioso, mi abuela se molestaba con el y le gritaba, eso lo ponía más odioso y cascarrabias. Era un círculo vicioso. No era agradable vivir en casa de mis abuelos en esa época.

Estábamos agradecidos, igual era incómodo y molesto.

Ese Diciembre fue uno de los peores. Algelis y yo terminamos por un día. Logré convencerla de que se quedara de alguna manera. Nos fuimos a Maturín. Algelis pagó por todos los regalos de navidad.

El ambiente familiar era mejor. Se me notaba lo roto, tanto por dentro como por fuera. La mayoría de mi ropa vieja y desgastada, incluso la ropa nueva se veía de mala calidad. No me gusta gastar dinero en ropa.

El 2020 no empezó como un mal año, yo estaba decidido a comprar laptops nuevas para Algelis y para mi. Y encontrar algo que realmente me gustara hacer para dejar de hacer páginas web.

Me gustaba mi trabajo cuando eran proyectos grandes y difíciles, pero casi nunca salían. La mayoría de los proyectos eran webs informativas o corporativas genéricas. Me aburría terriblemente. Dejaba todo para última hora solo para sentir algún tipo de emoción.

Empecé algunos proyectos con amigos que nunca se dieron por falta de interés.

En Marzo llegó la pandemia, justo el día de mi cumpleaños anunciaron las restricciones. Estábamos súper asustados y no entendíamos nada. Mi abuelo no hacía caso y salía a comprar comida, incluso si uno le insistía para acompañarlo o hacer las compras nosotros, él no escuchaba.

En abril de ese año compré mi laptop nueva, una belleza de computadora con todo lo que yo quería. La escondimos de mis abuelos porque no queríamos que sintieran que estábamos gastando dinero en otras cosas en vez de poner más para la casa.

A las pocas semanas, no teníamos mucha comida en la nevera. Esperaba un pago para salir a hacer mercado. Unos compradores de metal se acercaron a la casa y mi abuelo les mostró algunas monedas viejas que tenía y aparatos dañados, nada anormal. Hasta que en su desesperación les mostró un anillo de oro.

Estos compradores no eran personas bien presentables con cara de buenas intenciones, todo lo contrario. Eran desagradables y parecía que en el mínimo descuido te podrían quitar la mano si era necesario.

Algelis se dio cuenta de la situación, pero para cuando me alertó ya fue demasiado tarde. Nos asustamos, la casa de mis abuelos no era un fortín. Solo una puerta de madera nos separaba de la calle. Ese mismo día buscamos a donde irnos. Jesús, un amigo nuestro nos dio asilo por unos días.

Nos prometió poder quedarnos en su casa al menos una semana, pero el muerto y el arrimado a los tres días hiede. Al tercer día nos corrió. Nos avisó la noche antes. Con toda la desesperación del mundo preguntamos a todos los conocidos por alquileres. Yo tenía unos dólares guardados que no eran míos, la muchacha que me los había comprado estaba atascada en otra ciudad y no podía entregárselos.

Algunas personas nos respondieron, no había nada concreto. Una compañera de Algelis, que ella había ayudado cuando estaba en el 3er semestre de arquitectura le dijo que tenía un amigo con un apartamento vacío que quizás nos podría alquilar por unos meses. Se concretó el alquiler y salimos disparados del apartamento antes de que hubiese cualquier problema. Víctor nos ayudó con la cola.

La escena fue dramática, cargábamos con todas nuestras cosas: varios bolsos, una maleta y Zeus. Sudados y preocupados. La desesperación era inmensa, estábamos sin casa! Una vez pagamos la negociación y nos vimos en el nuevo apartamento, sentimos un alivio indescriptible: como cuando corres de la policía para que no te lleven preso y llegas a tu casa, sano y salvo.

Visitamos a mis abuelos a los días, estábamos a un par de kilómetros. Abrí la nevera, vacía. Fui a hacer mercado.

Aunque fue un situación dura, ese año no nos fue mal. Por la pandemia las personas estaban buscando emprender digitalmente y salían bastantes proyectos. Algelis también tuvo un proyecto grande con el que pudo completar lo que faltaba para su laptop.

Solo tuvimos que elegir entre hacerle mercado a mis abuelos y comer nosotros 1 sola vez. Rondando Agosto, fui a casa de mis abuelos a hacer el mercado mensual correspondiente. Mi abuelo se sienta a hablar conmigo. Se queja de la casa, lo difícil que es mantener todo, no solo la comida que es lo más fundamental, sino la limpieza, las cosas se rompen y no hay para repararlas, etc.

Cada palabra que pronunciaba hacía crecer mi dolor y con el dolor, mi ira. Me molesté tanto ese día, no aguanté y envié al grupo de la familia una nota de voz con un tono elevado, algo por las siguientes líneas:

"No me parece bien que mis abuelos estén pasando hambre o comiendo mal, viviendo en una casa inmensa con 5 hijos (omití a mi tía China y mi tía Dona en mi ira) en la que todos crecieron sin faltas. Si no tienen dinero para mantener a mis abuelos entonces vendan la casa. Hagan todo lo posible por vender la casa"

Todos mis tíos se molestaron excepto mi tío Catire y mi mamá, los únicos que aportaban dinero junto conmigo. Hasta me llamaron, lo que me molestó todavía más. Los regaños rondaban muchísimo sobre la idea de: "No puedes decir esas cosas para que se entere todo el mundo".

En pro de mantener la paz decidí solo aceptar lo que dijeran, aunque me doliera y aunque no tuviesen razón.

"Esta gente no hace su maldito trabajo, yo tengo que hacer su trabajo y van a venir a querer darme lecturas de como se hacen las cosas, de que puedo y no puedo hacer!? Qué coño les pasa? Yo no tengo que controlar mi ira ni mis palabras, sobre todo porque nacen de la preocupación por mis abuelos. Ustedes tienen que hacer su maldito trabajo como hijos y si no tienen dinero, deben parir el dinero". Pensaba mientras me decían cuan soberbio y falta de respeto era.

Es común que las personas vean a la ira como una "emoción negativa". Qué pasa cuando la ira nace de una razón justa? Solo debes callar? Dejar que te atropellen? Entiendo el valor de "poner la otra mejilla" de vez en cuando, pero con mis tíos, era la regla. Son excelentes para ver lo malo en los demás, son incapaces de ver lo malo en sí mismos.

No me importaba si se molestaban, funcionó. Empezó el proceso de vender la casa y un drama en sí mismo del que me separé todo lo que pude.

Para ese momento las diferencias entre Algelis y yo se estaban empezando a sentirse cada vez más. Yo seguía insatisfecho tratando de encontrar algo que me gustara y pudiese darme dinero, al menos satisfacción aparte de hacer las aburridas páginas web. Ella estaba haciendo buen dinero y no veía como ayudarme a salir de mi hueco, no sabía que hacer, hacía lo mejor que podía.

Teníamos pocas peleas pero nuestras conversaciones se hicieron sosas. Dejamos de hacer el amor. Mi problema con la masturbación empezó a manifestarse.

Cada vez que iba a casa de mis abuelos, habría la nevera, vacía, e iba a hacer mercado. Ya era costumbre. Sabía que si iba a casa de mis abuelos, lo más seguro es que encontraría la nevera vacía así que procuraba siempre tener dinero.

A veces iba solo a hacerles mercado porque mi mamá mandaba algo de dinero para ellos y yo ponía de una vez. Bajo el sol inclemente de Barcelona, a 35°, caminaba el par de kilómetros para llegar a su casa, caminaba 500 metros más para ir al supermercado, hacía el mercado, me llevaba el mercado a su casa, reposaba y de regreso caminando a mi casa. Durante un tiempo iba en bicicleta, lo que hacía los viajes más rápidos aunque llegara el triple de sudado.

Vender la casa de mis abuelos fue todo un problema, a pesar de que el mercado estaba resurgiendo. Mi tía Adriana pensaba aceptar una oferta por $30.000, a la que mi abuelo gracias a Dios se negó.

Ese Diciembre parimos algo de dinero vendiendo un freezer que teníamos en casa de mis abuelos y con un cliente de último momento. No fue tan malo. Logramos comprar todos los regalos. Algelis pudo viajar a El Tigre sin problemas. El ambiente familiar estaba mucho mejor.

Tuve una experiencia espiritual en una salida con mis padres. Fuimos a visitar a un amigo de la familia: Octavio, un cantante de música llanera. Tenía 20 horas sin dormir, estaba entre alucinando y borracho pero lleno de energía. En un momento Octavio estaba cantando una canción romántica hermosa con su voz recia, mis padres lo acompañaban cantando, las demás personas alrededor, había una bebé de 2 años jugando en el piso que era exactamente de mi color y lo vi claramente: tenía que enfrentarme a ese monstruo, Algelis realmente me amaba? O solo era costumbre? Necesitaba poner una prueba que fuese lo suficientemente fuerte. Quería que nos casáramos hace años y no estaba dispuesto a seguir dejando mi brazo torcer.

Cuando regresé a Barcelona, luego de tres semanas sin vernos, ella estaba tan feliz de verme. Extraño eso con toda mi alma. Luego de besarnos y hacer el amor, le dije que teníamos que casarnos o nos debíamos separar. Luego de semanas hablando, escogió la segunda opción.

Despertarse todos los días al lado de un hombre roto, lleno de insatisfacciones no ayuda mucho a mantener viva la llama del amor.

9 de Marzo de 2021. Nos separamos. Me mudé a un anexo. Ella quedó viviendo con Licia, una amiga escultora, mientras encontraba un alquiler. El cumpleaños más triste de toda mi vida. Solo, caminé a casa de Licia a que me cantaran cumpleaños. A pesar de que Licia tenía carro, no pudieron hacer el gesto de buscarme. Cada paso se sentía como un puñal en el pecho, un símbolo de mis fracasos y mis incapacidades.

Gracias a Dios para esa fecha mis abuelos consiguieron vender la casa, $50.000. $20.000 primero, luego $10.000 por 3 meses. Oferta insuperable, la tomaron.

Al menos podría pasar la 2da época más difícil de mi vida sin preocuparme porque mis abuelos estaban pasando hambre.

Claro, como no podría ser de otra manera, otro drama empezó: el drama de conseguir un apartamento. Mi tía Adriana también se ocupó de esta parte, asegurándose de cobrar todas las comisiones y pagos por sus servicios, como ella misma me dijo una vez.

Yo me desentendí totalmente de ese problema. Pasaba la mayoría de mis días triste, molesto y sintiéndome miserable. Estaba completamente solo la mayoría del tiempo, veía a mis amigos muy poco. Peleaba con Algelis por WhatsApp seguido. Al mes de separarnos, rompimos el contacto por completo por los próximos 2 meses.

Estaba en un sitio muy oscuro mental y emocionalmente. No podía trabajar, no podía escribir, no podía hacer absolutamente nada sin recordar cada error que habíamos cometido. No había trabajo interesante en el que ahogarse. Creadr era una idea que estaba llevando acabo con mucho esfuerzo, pero sin ayuda era realmente cuesta arriba.

Luego de 1 mes y medio, con dificultad y traspiés, decidí que era momento de empezar a hacer algo al respecto. No podía pasar mi vida así, era un desperdicio, después de todo el único requisito para morir es estar vivo. Para mi no hay nada peor que no vivir mi vida con toda la intensidad posible todos los días hasta que me muera.

Me puse una sola meta: hacer ejercicio todos los días. Muchísimas veces era lo único que podía hacer por semanas seguidos. Me dolía el cuerpo, era incomodo y no me gustaba. El ejercicio fue un trauma desde el liceo, ejercicio = castigo, pero sentía que era lo único que podía ayudarme en esta situación.

Pase 90 días sin saltarme un solo día de ejercicio. Empecé a pensar más en mi mismo, en mis problemas, en mis fallas, en las cosas que debía mejorar. Las conversaciones en mi cabeza a menudo empezaban con Algelis y terminaban en cuestionamientos personales. Esos cuestionamientos me llevaron a retomar la escritura.

Mientras tanto, mis abuelos compraron un apartamento en la misma residencia de mi tía Adriana. Pagaron $25.000 por un apartamento sin amoblar, que necesitaba remodelaciones, en Barcelona cuando pudieron comprar uno por $20.000 completamente amoblado y remodelado, en Lechería. Pero era mejor para: "Estar pendiente, tienen a alguien cerca".

El aprovechamiento era evidente. Mi dolor crecía y me molestaba, pero no quería hacer nada, mi foco estaba en recuperar mi espíritu.

Al menos estaban cerca. Me prometí que los visitaría todos los domingos sin falta, a tomar sopa.

Algelis y yo empezamos a a hablar y vernos de nuevo, a escondidas, hacia mitad del año. Teníamos discusiones todo el tiempo, hablábamos sobre el pasado y el futuro. Tocábamos los temas difíciles que no tocamos estando juntos. Teníamos sexo ocasionalmente.

Ese año terminó muy bien para mi. Estaba en excelente forma física, no tenía deudas, incluso pude guardar algo de dinero, me sentía genial la mayoría del tiempo. Me di cuenta que la soledad no era una sombra de la que debía huir, sino que era necesaria para sacar lo mejor de mi. En vez de negar y ver mi introversión como algo negativo, la acepté y la usé a mi favor.

Escribí unos buenos artículos ese año.

Lo mejor y lo peor de todo, era que había podido superar una de las etapas más difíciles de mi vida yo solo, completamente solo. La única persona a la que debía dar gracias era a mi, me encantaba, estaba orgulloso de mi mismo. Todavía lo estoy.

Ese Diciembre compré regalos para todos en la casa. Pasamos unas fiestas excelentes, bebiendo, hablando, comiendo y compartiendo. Hasta mis abuelos pasaron la navidad con nosotros.

Empecé el 2022 con un claro objetivo: tengo que lograr hacer dinero con la escritura. Escribir es lo que quiero hacer.

El trabajo freelance empezó bien, con algunos proyectos a inicios de año. A finales de enero empecé a ir al gimnasio. Algelis y yo empezamos a salir en público como amigos, un avance pequeño pero esperanzador.

Ahora cuando visitaba a mis abuelos, podía abrir la nevera y estaba llena de comida. Compraron un apartamento en Margarita como inversión, no estaba de acuerdo, pero nada podía matar mi buena vibra de esos meses.

Pasé un cumpleaños muy diferente al del año anterior.

A finales de Marzo, en una de mis visitas domingueras, mi abuela, con algo de pena y miedo, supongo sabiendo como me pondría, me cuenta que mi abuelo tuvo un accidente la semana antes pasada. Haciendo ejercicio, una caminata que hacen todos los días, a mi abuelo le dio un vaio y "sintió como que se iba".

En medio de la emergencia llamaron a mi tía Adriana, no estaba en su casa. La razón principal por la que compraron un apartamento a sobreprecio, resultó ser absolutamente inútil.

Después del accidente mi abuelo fue al médico. Le hizo unos exámenes de rutina y le mandó a hacer exámenes de sangre y rayos X. Perdí la paciencia cuando me dijeron: "No tenemos dinero para hacerle los exámenes a tu abuelo".

"WTF! QUÉ!!!? Me estás diciendo que se acabaron los $50.000!!!!?" Eso fue exactamente lo que me dijeron. Como si fuese poco, en dos semanas desde el accidente ninguno de sus hijos había podido conseguir el dinero para que mi abuelo, que podría morir en cualquier momento si tiene una enfermedad grave, se hiciera los exámenes.

Mi dolor creció, estaba demasiado molesto.

Algelis había ido a visitar a mis abuelos antes ese día y le ofreció el dinero para los exámenes a mi abuelo. Se le hicieron los exámenes y gracias a Dios, solo fue un exceso de ejercicio. A mi abuelo no le gusta aceptar que tiene 84 años, que está viejo.

Mi ira no se estaba difuminando como siempre hacía. Recuerdo claramente que mi mamá tuvo que soportar por llamada, todos los insultos que tenía para mis tíos. No pensaba quedarme tranquilo hasta que alguien pidiera disculpas, disculpas públicas. El dinero no se puede recuperar pero no es correcto que nadie diga nada como si fuese cualquier verga, como si estuviese bien.

Especialmente porque eso quería decir que yo, mi mamá y mi papá tendríamos que volver a mantener a mis abuelos o morirían de hambre, como lo hicimos durante los 5 años anteriores.

3 semanas después, mi tía Josefina, una tía política de Caracas, estaba de visita en casa de mis abuelos. Hablando con ella, mi abuela le dijo: "Josefina, a veces me da un cansancio que siento que me voy a morir". Mi tía llama a mi mamá de inmediato, al otro día mi abuela está en un carrito a Maturín.

Exámenes y especialistas por doquier. "Puede ser un soplo", la mitad del corazón de mi abuela no está funcionando como debería. Más exámenes, "Tiene una anemia, no estaba comiendo bien". Más exámenes, "No estamos seguros de lo que tiene tu abuela". Más exámenes, "Hay que hacerle transfusiones de sangre". Eso era lo que me decía mi mamá.

La primera semana de Mayo viajé por el día de las madres. Mi abuela estaba muy flaca, camina lento, se le ve muy triste y desgastada.

Mi dolor creció, mi ira creció con ella.

Pasamos un día de las madres relativamente bien. Le compramos unos tacones a mi mamá y comimos helado, estaba feliz. Le compramos una blusa a mi abuela. Hicimos un montón de comida.

Hablando con mi papá, me dijo lo que ya sabía: "Esta situación ha sido muy difícil, especialmente para tu mamá emocionalmente. Aparte no es poco dinero lo que se ha gastado, nos ahorramos algo en consulta pero los exámenes son caros y los medicamentos también. El único que ha mandado dinero es tu tío Catire. Todos los demás brillan por su ausencia."

Mi abuela podría morir en cualquier momento y esta gente parece, de verdad, no importarle. "Si está en Maturín, que se encarguen ellos", pensarían.

Regresé ese lunes a Barcelona y me dije a mi mismo: "Si después de levantar todo lo que puedas en el gym me sigo sintiendo así de molesto, voy a hacer algo al respecto". Puse 70 kilos en la banca de pecho, mi ira no bajó ni 1%.

Creé un grupo de WhatsApp con todos mis tíos y mi mamá. Envié una nota de voz que decía más o menos lo siguiente:

"Mi abuela está grave, se está muriendo. Si mi abuela no estuviese en Maturín, estaría muerta. Ignorando por completo el hecho de que se gastaron $50.000 en 9 meses, que ya es bastante. En este momento es importante resolver y por eso tienen que mandar dinero. Si no tienen dinero, tienen que parir el dinero. Si no mandan dinero, no pasa nada pero al menos no podrán dormir un día del resto de sus vidas sin saber que son unos hijos terribles y horribles seres humanos, y no habrá religión ni cantidad de rezos que puedan exculparlos."

Realmente deseaba que no me respondieran. Mi mamá no me dijo nada porque sabía que esa nota de voz era amable comparado con lo que yo realmente quería decirles y que le dije a ella. Mi tío Catire no me dijo nada tampoco, creo porque no tenía nada que temer, el estaba mandando dinero o quizás ni siquiera escuchó la nota de voz.

Los que si respondieron fueron el tío que es tan inútil que hay que conseguirle trabajo y le pide prestado a mis abuelos todo el tiempo. La tía que efectivamente malgastó los $50.000 y JAMÁS hizo un mercado en casa de mis abuelos. Y la tía que pensaba que una harina pan y una avena cada 4 meses era colaborar.

Creo que jamás voy a poder olvidar las palabras de mi tía Adriana: "Tu eres un carajito, si quieres hablar con los adultos tienes que hablar a través de tu mamá, esta es la mesa de los adultos." Soy un carajito para decirte que son unos irresponsables y están haciendo algo terrible, pero no para hacer tu maldito trabajo por los últimos 5 años.

Tenía años que no sentía una ira tan intensa, golpeé el piso, las paredes, tenía ganas de matar a alguien. Luego de varios intentos fallidos de responder, decidí que era mejor no hacerlo. Medité durante una hora o algo así, me sentí orgulloso por mi auto-control.

Quería hacer lo que era correcto y lo correcto era decirles la verdad: SON UNOS IRRESPONSABLES, SUPERFICIALES Y NO SE MERECEN TODO LO QUE HAN TENIDO EN SU VIDA. No me importaba lo que ellos pensaran de mi, ni provocar un cambio en ellos porque sé que no lo harán jamás. Pero quizás podían enviar dinero y de hecho, lo enviaron.

Esa semana mi papá me dijo: "Estuvo rudo lo que le dijiste a tus tíos, pero funcionó, mandaron $70, no sé quién pero los mandaron".

Mi abuela mejoraba un poco, era un problema para que comiera. Todavía no estaban seguros de que tenía.

Viajé de nuevo para el día del padre. Mi abuela estaba mucho mejor que la última vez. Le regalamos a mi papá una parrillera y comió parrilla como si no estuviese enferma. Mi papá me contó que mi abuela tiene melanoma: "Su médula no está produciendo las vitaminas que necesita para seguir viva, así que hay que inyectárselas cada cierto tiempo".

Esa semana que había pasado, la mamá de Algelis tuvo un accidente en moto. El lunes antes de regresar a Barcelona, con mucha pena, porque sé que a mi papá no le gusta mucho la idea de que Algelis y yo regresemos, le pregunté si había alguna manera de ayudarla. Me dijo: "Lo más que puedo hacer por ella es darle el presupuesto más bajo posible: $4000 más o menos". Le dije a Algelis, efectivamente fue el mejor presupuesto para esa lesión y además, la operaría mi papá, el mejor cirujano de este puto país.

Esa semana fui el enlace de Algelis en Barcelona. Ella fue a El Tigre a estar con su mamá, porque igual que con los Caíbe, sus hermanos son unos inútiles sin dinero ni contactos, que hay que jalarles bola para que existan. Si ella no se hacía cargo, su mamá quedaría renca el resto de su vida. Incluso aunque le costara muchísimo y tuviese que gastar el dinero que estaba ahorrando para su carro, se hizo responsable.

Diligencias, buscar dinero, hablar con fulano, "mengano te va dar tanto". Yo estaba feliz de ayudarla, ella estaba estresadísima por la angustia. Consiguió dinero prestado, más algunas donaciones de amigos completaron el dinero. Se pautó la operación para ese domingo.

La noche antes yo me debatía entre ir o no ir. Si voy, me gastaría los últimos $50 que me quedaban y por supuesto, eso no iba a hacer que Algelis se enamorara de mi. Pero y si pasaba algo? Una emergencia? Había que salir corriendo? Mis papás la iban a ayudar pero hasta que punto? Estaba bien que la dejara sola enfrentándose a esos momentos si la amaba? Claro que no. "Entonces deja de ser un maldito cobarde y ve para esa mierda", me dije a mi mismo.

Salí el día de la operación a estar con la mujer que me había dejado cuando mi espíritu estaba roto, me había rechazado múltiples veces durante el año y no podía decidir si me amaba o no. A apoyarla con la operación de una señora que intentó separarnos varias veces, me negó durante años y la abandonó a ella a su suerte cuando decidió irse a Barcelona a estudiar arquitectura.

La mayoría de la gente no lo haría y no lo hace.

Pero es que eso es lo que haces cuando amas a alguien: agarras todo tu dolor, tus incomodidades, tus problemas y tus inseguridades, las metes en una bolsa, las guardas para después y te haces responsable. Estás allí para ellos, aunque sea muy poco lo que puedas dar, lo das todo.

Todo salió bien en la operación. Según mi papá: "Eso quedó bello". Me quedé con Algelis todo el tiempo que pude, le lleve sus comidas y ayudé con algunas diligencias. A los dos días viajaron de regreso a El Tigre.

Yo tenía planeado regresar a Barcelona ese miércoles. Con el "ciclón", el cumpleaños de mi abuela tan cerca y poco dinero, la mejor decisión era quedarme.

Pasé esos días en Maturín dándome cuenta que el peso de atender a mis abuelos era realmente grande. Mi dolor creció.

Mi tío Catire viajó el domingo antes del cumpleaños de mi abuela. Mi abuela estaba contentísima. En realidad todos lo estábamos porque sabíamos lo importante que era para mi abuela. Mi papá compró una bandeja árabe para compartir y le brindó whisky caro a mi tío, se notaba que también estaba contento.

Le hicimos un desayuno modesto el día de su cumpleaños porque seguía siendo un problema que comiera. La tenían que llevar temprano a inyectarle su "cóctel" de vitaminas. Tuvo un ACV mientras se las colocaban. Mi mamá y mi tío pensaron que mi abuela se iba a morir. Le hicieron exámenes de emergencia y la llevaron a la casa.

Recuerdo ver a mi abuela acostada durmiendo con la boca abierta exactamente igual que mi abuela Felida días antes de morir. Estábamos asustados. La dejaron dormir unas horas. Se levantó como a las 6 de la tarde, se vistió y pudimos compartir un rato su cumpleaños. Incluso se tomó unas fotos con su torta y con todos nosotros.

Nos reunimos en el estar de la cocina, bebiendo y echando cuentos. Después de cantar cumpleaños, mi abuela estaba sentada en el mueble como mirando al vacío. La conversación se detiene, mi abuela aprovecha el silencio para decir: "Hay un cuento de una familia que tiene un abuelo, no me acuerdo bien, el señor está ya viejito y lo ponen a comer aparte...".

Mi papá interrumpe a mi abuela: "No Sra. Lobelia, el cuento que usted quiere contar es el siguiente:"

Era una familia de 4 personas: la pareja, su hijo y el papá de la esposa. Por la edad el señor no coordinaba bien cuando comía, hacía reguero, se le caían los cubiertos y las cosas, rompía los platos. Para solucionarlo, deciden poner al abuelo a comer aparte para no ver el desastre mientras come, en una mesa de madera, con platos de madera y cubiertos de madera.

Un día el papá encuentra a su hijo haciendo algo con un cuchillo y un pedazo de madera. El padre le pregunta: "Qué estás haciendo hijo?". El niño responde: "Un pocillo de madera para cuando estés viejo".

Mi papá ve las ganas de justificar a mis tíos que tiene mi abuelo y lo corta de una vez: "Voy a decir esta única cosa y vamos a cambiar de tema. Este no es un buen tema para esta familia. Hoy la Sra. Lobelia casi se muere, este pudo haber sido su último cumpleaños y no hay justificación para que aquí no estén todos sus hijos y todos sus nietos. Si la Sra. Lobelia hubiese muerto, todos estarían aquí, por qué no están aquí si todavía está viva? Cambiemos de tema"

"Es verdad José Ángel", respondió mi abuela. Se quedó viendo al vacío otro rato, como queriendo morir antes que aceptar que todos sus hijos no estaban ahí para ella en ese momento tan difícil. “Acaso fui una mala madre? Qué hice para merecer este desprecio?”.

Mi dolor creció demasiado.

He vuelto a repetir esa escena en mi cabeza decenas de veces todos los días las últimas semanas. Incapaz de comprender el nivel de crueldad y desinterés que alguien podría tener por una persona tan hermosa, que les ha dado todo su ser sin medidas durante toda su vida. Cómo alguien puede ver eso, sentirlo y no hacer nada al respecto?

Por qué mi cabeza decidía torturarme con un recuerdo tan doloroso? Me pregunté con curiosidad auténtica: Por qué esta gente es así? Curiosidad de verdad, sin juzgar por adelantado y sin molestarme.

Empecé a recorrer cada recuerdo en mi cabeza con ellos. Me di cuenta de lo poco que los conocía en realidad. No había charlas profundas ni discusiones intrincadas como las que tenía con mis padres, mis hermanos, Algelis o mis amigos. No había cuentos del pasado y el presente que me dieran una imagen de quienes eran. No había nada en mi mente.

Pero me di cuenta de otra cosa: eran así entre ellos también. La superficialidad los caracteriza, es su escudo en contra de las cosas difíciles de la vida y su condena también. Esa superficialidad puede llegar a verse como crueldad, desinterés o simple estupidez, como una cabeza vacía.

Me di cuenta que cuando hablo soy Acuña, cuando callo soy Caíbe. Soy Acuña cuando me comprometo y hago lo que tengo que hacer sin importar nada. Soy Caíbe cuando cuando hago el mínimo.

Entiendo que callar y relajarse a veces es necesario, pero aunque no me gusta tener que decirlo, detesto ser Caíbe en este momento.

Escribo esto como la única forma que me queda de lidiar con el dolor. Para decirle a mi abuela que entiendo su molestia, su insatisfacción y su tristeza. Que la amo con todo lo que tengo y me encantaría poder dar más. Me encantaría tener el poder de cambiarlos, de iluminar sus mentes para hacerles ver su error. Pero no puedo, lo único que puedo hacer es ofrecerle estas palabras esperando que sean suficientes, como son suficientes para mi.

Quizás no eliminan el dolor, pero lo hacen menos fuerte.

Me gustaría poder tenerles lástima para suavizar estas duras palabras. Decido creer que son lo suficientemente fuertes como para leerlas y pensar que quizás tengo razón, que quizás están equivocados, que no han hecho todo lo que pueden y que sus faltas son solo una exterioridad de un problema más profundo.

Ser optimista a veces significa decir las cosas duras que nadie quiere decir, porque se tiene la esperanza de que las personas puedan cambiar. A pesar que dije que no creo que suceda.

La verdadera tragedia de todo esto no son las injusticias que nos cometieron a mis padres y a mi, y ni siquiera las mencioné todas. Tampoco es el maltrato y desinterés para mis abuelos, que no se merecen nada menos que todo lo que puedan darles, porque sin ellos ninguno sería nada y su estancia en la tierra sería un verdadero infierno, unos padres irresponsables pueden destruirte la vida de formas que no nos imaginamos.

La verdadera tragedia es que, al no enfrentarse a sus fallas, a sus errores y los problemas que no son fáciles de resolver, al no hacerse responsables se quitan a sí mismos la capacidad de amar. Ese hueco de insatisfacción solo se hace más grande y doloroso cuánto más pasa el tiempo, lo sé porque lo viví.

Esa superficialidad es lo único que mis primos conocen y repiten, multiplicando el daño. Constantemente insatisfechos, haciendo trabajos que no significan nada para ellos, deprimidos, desorientados, vacíos. No es difícil darse cuenta, solo hay que ver sus ojos llenos de miedo y decepción.

Es triste ver el potencial perdido y el daño que se hacen a sí mismos, y por consecuencia a los demás. Pero solo ustedes pueden liberarse de esa prisión.

Después de todo, el único requisito para morir es estar vivo. Y la muerte es definitiva, es para siempre. No pierdan la valiosa oportunidad que aún tienen, mis abuelos siguen vivos, ustedes siguen vivos.

2 Comentarios

  1. Víctor

    Hola, Salomón, excelente artículo, desde hace tiempo he estado siguiendo tu página y ya estoy suscrito a tu newsletter, ahora vivo en Chile y puedo identificarme con muchas de tus vicisitudes. Estaré atento como siempre a tus próximos trabajos.

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