Lecciones del gimnasio

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Retomar el ejercicio ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. Para mi salud física general y mental.

El año pasado fue la actividad que me ayudó a superar uno de los momentos más difíciles de mi vida. Ha sido un estímulo importante en el aumento de mi confianza personal, creatividad y optimismo.

Hacer ejercicio ha hecho que vea al mundo diferente.

El año pasado empecé con una aplicación de calistenia, luego en las barras públicas cerca de mi casa y hacia el final, en el gimnasio.

El gimnasio me gusta mucho más y quiero darte algunas lecciones e ideas que he aprendido estando allí, que creo se pueden aplicar a muchas áreas de la vida.

1) Siempre hay alguien más fuerte que tú

Esta verdad es evidente desde el primer día. Todo el mundo parece ser más fuerte que tu y lo son.

Ser un principiante es aceptar que muchísima gente te lleva la delantera y eso está bien. Es una forma, un poco brutal, de apagar el ego.

También es una forma de darse cuenta que, el hecho de que haya personas más fuertes que tu no quiere decir que tu no te vayas a poner fuerte. Casi nada en la vida es un juego de suma 0.

2) No conoces el límite hasta que estás en el límite

Nos encanta exagerar nuestras capacidades:

  • "Puedo trabajar 16 horas al día"
  • "Puedo hacer una web en menos de 24 horas"
  • "Puedo escribir 3 artículos semanales"
  • "Puedo levantar 100 Kg en la prensa"

Todas son suposiciones hasta que de hecho intentas hacerlas y te das cuenta que, en realidad, no puedes.

Enfrentarse al esfuerzo físico intenso del gimnasio siempre da como resultado una disminución del ego. Nos hacemos conscientes de lo que realmente podemos y no podemos hacer aún.

3) Las personas que van al gimnasio son como guerreros

Encuentro esta idea curiosa.

Al menos en el gimnasio al que voy, hay un ambiente de camaradería, competencia e hiper sexualidad muy semejante a lo que he leído sobre las legiones romanas.

No es que todo el mundo es amigo de todo el mundo y todo es amor y paz. Pero si parece que todo el mundo está muy enfocado en mejorar, en este caso su cuerpo y está dispuesto a ayudar a los demás.

Al mismo tiempo que quieren superarse los unos a los otros. Y bueno, ese montón de gente sudando inevitablemente pone las hormonas a volar.

4) Todo sale mejor si un experto te acompaña

Los primeros meses en el gimnasio iba con mi amigo Félix y entrenábamos con sus rutinas más o menos improvisadas. Aunque vi un aumento en la fuerza, los resultados no eran demasiado evidentes.

Este año decidí contratar a un entrenador. Ha hecho toda la diferencia.

Ejercicios que pensaba que podía hacer, los lograba solo haciéndolos mal. El aumento en mi fuerza y definición también es mayor. Mi masa muscular ha crecido rápido. Me veo más delgado aunque peso más (tengo más músculo).

Tener a alguien que te explica como debes hacerlo, te corrige cuando lo haces mal y te da ánimos para que sigas aunque estés llegando al límite, hace toda la diferencia.

5) Técnica y herramientas son importantes

Muy alineado con lo anterior.

Hacer los ejercicios correctamente hace que el progreso se sienta más rápido y correcto.

Las máquinas casi siempre están diseñadas para que no puedas usarlas de forma incorrecta. Los ejercicios son específicos para una parte del cuerpo.

Hacen que el ejercicio sea más eficiente en comparación con la calistenia o ir a las barras, donde todo impacta todo.

Del mismo modo como un tractor es más eficiente que un buey y el conocimiento de un agricultor suizo es mayor que el de un obrero africano, las herramientas y técnicas del gimnasio son más eficientes que las suposiciones de los ignorantes como yo.

6) Tu actitud, literalmente, hace la diferencia

En múltiples ocasiones me he encontrado haciendo ejercicio apunto de llegar al límite, es decir, a punto de desmayarme.

En esos momentos lo único que me ha permitido continuar no es el poder de mis músculos sino, la actitud de querer lograrlo hasta el final.

Cuando lo único que te queda de fuerza está en tu cabeza, tienes que convencerte de que puedes hacer las cosas para que el cuerpo siga el liderazgo. Es verdad, en algún momento será imposible pero intentarlo vale la pena y hasta ahora, me ha funcionado.

Muchas veces ni siquiera soy yo el que procura que tenga buena actitud, el entrenador me grita: "Vamos Salomón! Tu puedes Salomón!" e inmediatamente sale fuerza de Dios sabrá donde.

Los límites existen, pero creo que la mayoría están en nuestra cabeza.

7) El sufrimiento siempre pasa

Hacer ejercicio literalmente duele. Duele muchísimo, especialmente al principio. La sensación de cansancio es abrumadora. Los músculos se aprietan a un punto en el que moverlos es incomodo y doloroso.

La respiración intensa no para. Estás en un estado como de excitación y estrés.

Pero inevitablemente termina, pasa, se acaba. Lo que queda después de esa sensación es la cura para la depresión y la ansiedad: orgullo.

"YO LOGRÉ ESTO". "LO SUPERÉ". "SOBREVIVÍ". "AHORA SOY MÁS FUERTE".

Todas esas frases son verdades que me digo después de cada entrenamiento. El día brilla más cuando sabes que eres un campeón.

La única forma de sentirlo es enfrentándote al reto aunque duela y sea incomodo.

Suena trillado pero es verdad: el sufrimiento pasa, el orgullo queda.

Hazte adicto al orgullo y el sufrimiento no será una limitante en tu vida.

Algún tipo de actividad física

Hacer algún tipo de actividad física es esencial para LA VIDA. Todas las personas que admiro hacían o hacen algún tipo de actividad física demandante: gimnasio, deporte, yoga, etc.

Algunos beneficios:

  • Salud física
  • Salud y claridad mental
  • Más energía
  • Más confianza
  • Te ves mejor

No importa en que nivel estés, lo importante es hacerlo todos los días o al menos, muy seguido.

PD: Iré actualizando este artículo con más enseñanzas, a medida que vayan apareciendo.

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